Al mirar el fuego de la pequeña chimenea varios recuerdos se
le venían a la mente y la situación le pareció algo inusual. Estaba en un mundo
diferente y en una tierra muy distante a la isla Bruma Azur. No iba a matar orcos
o demonios, quería un nuevo compañero para sus viajes en Azeroth. En el pasado había
tenido un talbuk, un familiar de Espina, el compañero de su hermana, eso también
le pareció algo curioso, su hermana estaba ahí dormida sin ninguna preocupación.
Odeline siempre fue muy exigente con Karlana (al fin y al cabo era la última
hermana con vida que le quedaba) o eso pensaba, tenia la esperanza que sus demás
familiares aun estuvieran en Draenor pero prefería no pensar en eso. La gran carrera
seria mañana y no había entrenado demasiado.
Estos carneros eran similares a los talbuks ya que compartían
la misma nobleza. Sabía que no la aceptaría a la primera y lo pago caro varias
veces cuando el carnero la desmonto, siempre de una manera violenta y dolorosa.
Pero al transcurrir las horas gano su confianza pero no era suficiente. Ese
enano brabucón tenía un carnero mucho más grande y veloz, era evidente que le ganaría
no solo a ella, sino también a los demás competidores.
-Hizo un gesto con la cabeza negando la situación- Aunque
perdiera se presentaría en esa carrera. También le serviría para aprender más
sobre la nueva Alianza a la que se habían unido. Sin pensar más se levanto y se
puso las armaduras. El frió de Dun Morogh era algo a lo que no estaba acostumbrada
pero las armaduras algo la calentaban.
Cruzo el camino hasta llegar a la granja. En una pequeña casucha parecía estar el cuidador de esos carneros pero apenas se veía algo dentro, seguramente estuviera dormido. Odeline camino sin hacer mucho ruido aunque sus pezuñas casi no emitían sonidos en ese suelo cubierto de nieve, entro al pequeño estable y se acerco al carnero que había elegido. Dudaba de lo que estaba haciendo, no estaba bien sacar al carnero sin pedir permiso pero no había tiempo. La carrera era en pocas horas y de no estar lista el pequeño carnero termina como trofeo del Baron Wence. Esa idea le dio algo de escalofríos, ese enano parecía alguien malvado. Acto seguido le hablo al carnero con la esperanza que este le prestara atención.
EL DÍA DE LA CARRERA
La tormenta de nieve había terminado pero el camino seguía tapado
por la nieve, aun así los carneros no tendrían problema con ello, estaban
acostumbrados. Se acerco a los demás competidores quienes habían adornado sus
propios carneros. Eran novatos igual que ella y venían de diferentes lugares
aunque no cabía duda que esos carneros fueran de la granja de Gaoron, sus
carneros eran más grandes y se veían más feroces. Con algo de temor se acerco a
su lugar. Entre los competidores susurraron algunas cosas pero hubo una que le
helo la sangra: Se corria el rumor que los carneros que el Baron ganaba iban a
parar a los establos privados de su padre para ser parte del mercado negro de
carneros, Gaoron había dicho que el negocio de carneros era un ingreso de oro
enorme. Algo no saldría bien de eso… ¿Qué le hacían a los carneros? ¿Los vendían
en contra bando? La Draenei intento averiguar más de esos rumores pero escucho
esa odiosa voz del día anterior
-Así que viniste a la carrera. Pensé que serias más
inteligente y te volverías a tu casa –El Baron Wence se acerco con su carnero
negro que había sido decorado con unas pequeñas medallas, seguramente ganadas
en carreras anteriores, se veía mas grande y maduro que los demás, su pelaje
negro daba cuenta de ello. El baron llevaba una máscara en su rostro y dos
cuchillas, sin duda alguna eran para defenderse de cualquier insensato que
intentara atacarlo por sus dichos
-Tengo un lugar reservado para tu carnero - El enano se rio
y centro su mirada en Odeline, ignorando a los demás competidores
-No te sientas mal chica, no serás la primera en caer ante
el gran Baron Wence – Sentencio el enano y se acomodo en la fila
Odeline le devolvió la mirada sin mostrar ninguna emoción,
le sobraban ganas de bajarse del carnero y darle un puñetazo a ese enano pero
trato de calmarse. El cuidador de establos Gaoron dio las instrucciones para la
carrera. El primero que llegara a las puertas de Forjaz seria el ganador y no
solo se quedaría con el carnero propio, también podía reclamar los carneros de
los demás. Con un disparo los carneros salieron de la meta.
El Baron tomo la delantera rápidamente y Odeline vio como
los demás también la superaron, su carnero era el mas pequeño del establo y
aunque habían practicado toda la noche sus patas no eran tan veloces como los demás.
Vio como los demás cada vez se alejaban mas y mas y sintio que la carrera habia
llegado a su fin…Pero no se rindió
Siguió animando al carnero para que no parara, al contrario
lo animo a que siguiera adelante, no importaba el resultado llegarían a la
meta. Odeline y el carnero estaban en último lugar pero iban a la segura, pero
un extraño suceso hizo que Odeline abriera los ojos como platos. El carnero que
iba delante de ella ¡había frenado! Por alguna razón dejo de correr, su dueño
(un humano) tironeaba la cuerda para retomar el control sobre el animal y
obligarlo a seguir pero el carnero estaba endemoniado, comenzó a correr en círculos
y con un violento salto lanzo al humano sobre la nieve. Odeline vio la escena
bastante confundida y pensó en ayudar al jinete derribado pero su carnero hizo
un gruñido, dándole entender que debían seguir en la carrera. Odeline asintió y
siguieron adelante. Unos metros más adelante la situación se repitió aunque por
suerte el jinete no salió despedido, su carnero simplemente gruño y se freno
para caminar lo más lentamente posible
-¿Qué está pasando? –Pensó Odeline al ver esa escena tan
extraña pero siguió adelante
Su carnero parecía aumentar la velocidad, premio por la
confianza de sí mismo y por la que le daba su jinete. Más adelante solo dos
jinetes luchaban codo a codo: Una elfa de la noche y el gran e invencible Baron
Wence. Era muy extraño ver una elfa por estos lugares y más una que quisiera
domar un carnero pero ahí estaba, luchando para ganar esa carrera.
Y por un
momento la elfa logro superar a Wence, ella y su carnero se adelantaron varios
metros. Odeline los veía de lejos
confiada en que podría superarlos y ocurrió la misma situación. El carnero de
la elfa gruño y camino lentamente, la elfa se exalto y lo insto a seguir,
incluso le dio señales con sus pies pero el carnero no avanzo.
¡Avanza Amigo! –Grito la elfa pero el animal no respondió
La elfa no lo vio venir pero el Baron Wence y su carnero se
apegaron a ella y le dieron un golpe muy fuerte a su carnero, y este casi se
desploma
¡Está haciendo trampa! –Pensó Odeline - ¿Acaso no habían reglas
en esta carrera?
¡Los carneros son enanos! ¡Eso para que te vuelvas a tus
bosques! –El Baron le grito a la elfa y se rio, tomando la delantera
Odeline y su carnero contemplaron la imagen y aumentaron aun
mas la velocidad. Las puertas de Forjaz no estaban lejos y la distancia que los
separaba era cada vez mas corta, por un momento Odeline pensó que podría ganarle
y su carnero era prueba de ello ¡El animal estaba corriendo lo más rápido que podía!
Era como si el propio carnero no quisiera terminar en el establo de ese maniático
enano. Pero aun así el Baron era más rápido y la meta estaba cerca…hasta que ocurrió
otro suceso, el carnero del Baron Wence, ese carnero grande y armado para la
batalla también redujo su velocidad hasta caminar apenas
Oportunidades como estas no se desperdician –Susurro Odeline
y tiro las riendas para que el carnero diera su máxima capacidad para superar al
Baron, quien los vio con cara de ira y horror. El gran campeón invicto de Dun
Morogh había sido derrotado y no por un enano, ni siquiera por alguien de
Azeroth: Por alguien de Draenor
Aunque en el tranvía subterráneo Athana se atribuyo el
extraño fenómeno de los carneros a su magia, ella sabía que la magia no había tenido
nada que ver. Solo lo había dicho para impresionar a sus nuevas compañeras. Los
carneros sentían la nobleza de sus jinetes y sin duda alguna habían sentido el
noble espíritu de Odeline, quien cuido con su último aliento a su talbuk antes
de que este muriera a manos de los orcos. Los carneros sentían que su compañero
estaría en buenas manos, incluso el carnero de Wence no quería que ese pequeño
carnero compartiera su destino. Así que no tuvieron problema en detenerse. Ese día
el Baron Wence recibió una valiosa lección: Los animales también tenían sentimientos.






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